El enoturismo chileno atraviesa un momento de expansión importante. La combinación de vinos reconocidos internacionalmente, una oferta turística cada vez más sofisticada y la recuperación plena del sector tras la pandemia, ha impulsado un flujo constante de visitantes hacia los valles vitivinícolas del país.
En este escenario, el Valle de Colchagua se ha convertido en un imán para viajeros que buscan experiencias auténticas, paisajes rurales y una conexión directa con la cultura del vino.
A ello se suma un creciente interés internacional por destinos que combinan naturaleza, gastronomía y tradición, un terreno donde Chile ha sabido posicionarse con fuerza.
El dinamismo del sector también responde a cambios en los hábitos de viaje. Los turistas ya no buscan solo degustar vinos, sino comprender su origen, recorrer los viñedos, conocer a los productores y participar en actividades que integren historia, territorio y sostenibilidad.
Esta tendencia ha impulsado a las viñas a diversificar su oferta, profesionalizar sus equipos y apostar por experiencias más personalizadas, un esfuerzo que hoy se refleja en el aumento sostenido de visitantes extranjeros.
A partir de este contexto, las diferencias entre los mercados sudamericanos se vuelven evidentes. Según Carmen Paz Ravanal, gerente de marketing de Viña Ravanal, el comportamiento de brasileños y argentinos responde a motivaciones muy distintas.
“El turismo en Chile está liderado por argentinos en volumen, principalmente bajo una lógica de conveniencia ‘sol y playa’. Pero el enoturismo responde a un perfil distinto, donde destacan los brasileños, motivados por la experiencia”, explica.
Brasil, además, ya tiene una relación previa con el vino chileno, lo que facilita la transición desde el consumo al viaje. “Primero conocen el vino en su país y luego buscan vivirlo en origen. Viñas como Ravanal, muy presentes en Brasil, capitalizan esa tendencia ofreciendo experiencias auténticas que conectan con ese interés”, agrega la ejecutiva.

Tendencias y gustos del enoturista
Las preferencias también difieren en el tipo de actividades que buscan. Carmen Paz Ravanal detalla que “el argentino prioriza viajes cortos, compras en Santiago y descanso en la costa, donde el vino se consume más que se experimenta”.
El visitante brasileño, en cambio, llega con otra disposición: “Busca vivencias completas: visitas guiadas, degustaciones y gastronomía. En Colchagua, ese tipo de experiencia es protagonista” asegura.
Este auge coincide con un reconocimiento internacional clave: el Valle de Colchagua fue destacado por la BBC como uno de los mejores lugares del mundo para viajar en 2026.
“El valle se consolidó como destino enoturístico de nivel mundial, donde el vino se integra con gastronomía, cultura y paisaje. Viñas como Ravanal aportan tradición, calidad y experiencias que reflejan la identidad del territorio”, afirma la gerente de marketing de Viña Ravanal.
El crecimiento, sin embargo, trae consigo desafíos. Específicamente, en el Valle de Colchagua el llamado es a avanzar en sustentabilidad y sofisticación turística.
“La gestión del agua, los estándares ambientales y la formación de capital humano son claves. Nosotros estamos alineados con esas exigencias, y este año obtuvimos el Código de Sustentabilidad del Vino Chileno, un hito para nuestra gestión”, concluye Carmen Paz Ravanal.
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