La Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos Enólogos (ANIAE) dio a conocer su Informe de Previsión de Vendimia 2026, elaborado por encargo de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA).
El reporte —que año a año se consolida como una herramienta clave para la industria— analiza el escenario agroclimático nacional, el estado sanitario y fenológico de los viñedos, entregando una mirada anticipada sobre lo que podría ser la próxima cosecha en las principales zonas vitivinícolas del país.
Para esta edición, además de proyectar tendencias productivas desde el norte hasta el sur de Chile, ANIAE recopiló información a partir de encuestas realizadas en noviembre de 2025 y marzo de 2026 a productores, viticultores y enólogos de todo el país.
A esto se suma el análisis de datos climáticos y disponibilidad hídrica provenientes de organismos como la Dirección Meteorológica de Chile, la Dirección General de Aguas y el INIA.
El alcance del informe es amplio: incluye zonas desde Arica y Parinacota hasta Aysén, abarcando valles tradicionales como Copiapó, Maipo o Maule, pero también territorios emergentes que aún no están reconocidos oficialmente en la normativa vigente, reflejando así la expansión del mapa vitivinícola chileno.

Un ciclo marcado por el calor y la escasez hídrica
Entre la primavera de 2025 y el verano de 2026, el comportamiento climático estuvo marcado por temperaturas superiores a los promedios históricos. Este escenario favoreció el desarrollo vegetativo de las vides y redujo la ocurrencia de heladas tardías, aunque también acentuó el estrés hídrico en varias zonas.
Las precipitaciones, en tanto, mostraron un patrón desigual: déficit en el norte y la zona central, y una mayor presencia de lluvias en el sur del país.
Uno de los aspectos más relevantes del informe es el adelanto en el desarrollo fenológico, especialmente en variedades de envero temprano.
En valles del norte y centro norte, como Aconcagua y sectores del Maipo, este proceso comenzó a inicios de diciembre. Más al sur, en zonas como Cachapoal, Colchagua, Curicó y Maule, el envero fue más progresivo, desarrollándose entre fines de diciembre y mediados de enero.
En tanto, en zonas costeras y australes —como Casablanca, Itata o Malleco— el ciclo se desplazó hacia fines de enero y febrero, evidenciando la diversidad de ritmos que caracteriza al territorio vitivinícola chileno.
En materia sanitaria, los hongos de la madera aparecen como la principal preocupación para los productores, seguidos por la polilla del racimo y los daños provocados por aves.
A esto se suman factores climáticos como las olas de calor, que han generado pérdidas moderadas, y la presencia de humo, que en algunos casos habría afectado hasta el 50% de la producción, según los encuestados.
Proyección: una vendimia que invita al optimismo
Pese a los desafíos, la proyección general apunta a una producción estable en comparación con la vendimia 2025, con incrementos moderados en ciertos valles y, especialmente, en variedades tintas.
Sin embargo, el informe advierte que el resultado final dependerá de las condiciones climáticas de las próximas semanas, particularmente de la evolución del déficit hídrico hasta el cierre de la vendimia, previsto para mayo.
ANIAE destacó la participación de enólogos, viticultores y otros profesionales al entregar información clave para la elaboración del Informe de Previsión de Vendimia 2026. El documento completo, con su resumen ejecutivo, está disponible en el sitio de ODEPA.
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